Historias de consultorio y enseñanzas de vida

Libro. Cuando cumplió 50 años de profesión, Carlos Alberto Oulton, médico, decidió escribir 74 anécdotas que reflejan lo vivido por él y por varios de sus colegas.

Me recibí de médico en 1966, en la Universidad Católica de Córdoba (UCC). Me incliné hacia la cirugía, en el Servicio del profesor Baistrocchi del hospital San Roque, especialidad que me resistía a abandonar, aunque escuchaba el pedido de mi padre (radiólogo) que quería que lo acompañe. Llegó el momento de la elección: opté por la Radiología, hoy diagnóstico por Imágenes. En 1970, obtuve una beca de perfeccionamiento en Neuro radiología en la Universidad Claude Bernard en Lyon (Francia).

 

En 1975 finalicé mi entrenamiento y regresé a Córdoba, trabajé en diferentes hospitales: San Roque, de Clínicas, Misericordia, Reina Fabiola. Realicé mi carrera docente, en las universidades Nacional y Católica. (En la UCC finalicé como Profesor emérito) para volcarme a trabajar con exclusividad en el sector privado: el Sanatorio Allende y el Centro Tomografía Córdoba (Instituto Oulton) que actualmente dirijo. Vi el nacimiento y desarrollo de la nueva era tecnológica aplicada a la medicina, que arrancó con la tomografía computada (descubierta gracias al aporte de fondos de Los Beatles) y que hoy no tiene techo en las diferentes áreas.

 

Al cumplir 50 años de carrera, y por inquietudes escasamente reveladas se me ocurrió plasmar en un libro mis anécdotas y la de colegas amigos, que había acumulado y guardado primero en papel, luego en computadora. Aunque el libro tiene varios capítulos, me detendré en dos hechos de trascendencia humana. En uno de los relatos, (facilitado por mi amigo el Dr. Luis Giraudo) titulado “Sobre las palabras negadas y el tiempo que no da revancha”, que me recuerda la importancia de percatarme que entre padres e hijos existen idiomas propios para enseñar y aprender. Llenos de complicidades que hacen que las lecciones queden aprendidas por siempre. Destaca eso de los “sobreentendidos”. También es un mensaje que me lleva a reflexionar sobre nuestras incapacidades para demostrar sentimientos y expresiones de modo justo y a tiempo. Cuánto bien nos haría si lográsemos que “el otro” pueda estar al tanto acerca del afecto, el respeto, la admiración y el amor que sentimos hacia él. Hay que lograr que “el otro” se entere.

 

También recuerdo un artículo publicado por Miguel Mier sobre un estudio realizado en Harvard durante 75 años a través del cual se conoce que una de las recetas para la felicidad se basa en tener relaciones humanas saludables y constructivas: las personas que mostraron vidas más plenas fueron aquellas que dedicaron muchos años y esfuerzo a construir relaciones profundas, de confianza a prueba de crisis, relaciones positivas, de amor, respeto y crecimiento personal. El logro a “largo plazo”, es el sentido de pertenencia, empatía y apoyo en los momentos de crisis. Las personas que encontraron y construyeron relaciones de pareja, de familia y de amigos capaces de superar grandes retos de la vida son las personas que vivieron vidas más felices. No es fácil. Implica tiempo, esfuerzo, trabajo, inteligencia y virtudes como generosidad, perdón, paciencia y amor. Pero SÍ es posible.

 

Quiero agregar lo relacionado con las salas de terapia intensiva. Sitios donde se atienden a los más graves por los médicos más capaces y personal paramédico más eficiente. No deben significar ni la resurrección ni la antesala de la muerte. Se debe, ante todo, pensar en la dignidad de los pacientes, en la necesidad de afecto y calor humano, (tóqueme, míreme, hábleme, cúbrame doctor) más allá de los aportes invalorables y necesarios de la tecnología.

 

¿Por qué un libro? Siguiendo a Gregorio Marañón, porque los libros están impregnados de alimento superador, de empeño y esfuerzo por crear. ¿Para quién? para expresar y condensar recuerdos recolectados durante muchos años, con nostalgia (como puente entre el pasado y el futuro) pero con un destinatario especial: mis compañeros de promoción. ¿Para qué? Como dice Mariano de Vedia: “corresponde a los que estamos, decirles a los que vendrán cómo eran los que se fueron”.

 

Son 74 anécdotas médico-hospitalarias que vivió Carlos Oulton y algunos de sus colegas a lo largo de sus 50 años de trayectoria en la Medicina. Las páginas fueron ordenadas desde “su lugar en el mundo”, en la soledad de su campo en Las Albahacas. Es fruto de conversaciones con decenas de colegas que lo estimularon a continuar y a publicarlas. Su aspiración es que estas anécdotas o sencillas historias les recuerde a sus colegas “las peripecias que todos vivimos a diario”. El libro se terminó de imprimir en agosto de 2015. Es su primera edición.

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